Poesía: nuestra alma espejo.
Shakespeare es un maestro de la fusión nuclear en el ámbito del lenguaje, liberando energías que irradian sentido puro. He aquí un ejemplo de la comedia Medida por medida:
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Pero el hombre, el hombre orgulloso,
vestido de un poquito de autoridad,
ignora lo que tiene más seguro
(su alma de espejo), y como un mono enfurecido,
hace unas muecas tan locas ante el alto cielo
que los ángeles llora, cuando nuestras penas
les harían morirse de risa.
La verdadera escisión nuclear se produce en la metáfora: vestido de un poquito de autoridad. Shakespeare nos presenta la autoridad como un traje. Desde el punto de vista semántico, esto produce una reacción en candena que conduce a la fusión nuclear y transforma el mundo entero en un teatro: El hombre se convierte en un mono enfurecido que hace muecas ante el espejo. Del mismo modo, el mundo se convierte en un escenario y el cielo y sus esferas de cristal (así se imaginaban los isabelinos el cielo) en las gradas desde las que los ángeles presencian las monadas de los hombres, que se parecen tanto más a los monos cuanto más desconocen su propia esencia, su alma de espejo. Ésta, como el cielo y el espejo, es de cristal, y por lo tanto invisible e inalterable, y, como un espejo, refleja los fenómenos cambiantes. En esto el alma también se parece al teatro, porque pone al hombre frente al espejo (los actores se tornan invisibles para hacer visibles a los personajes). Así como la lluvia cae del cielo, a los ángeles les hace llorar por aquello que a nosotros, seres limitados, nos hace reír: nuestras grotescas piruetas. De esta manera el hombre está situado exactamente entre los seres divinos (los ángeles) y los animales (los monos): su lado mortal es visible y el inmortal invisible, y en este sentido similar a un espejo, que siendo él mismo inalterable e invisible, permite ver los fenómenos fugaces. En tan sólo seis líneas, Shakespeare consigue reflejar en el espejo del lenguaje toda la cosmología: ángeles, monos, hombres, el teatro, la risa y el llanto, el cielo y la tierra, para mostrarnos la arrogancia a la que conduce la posesión de un cargo: auténtica magia.
Quien logra comprender esto -pero no ardua y lentamente, como ahora, sino siguiendo el ritmo y el tempo del verso- tiene el sentimiento de estar viendo a Dios en el primer día de la creación; siente el big bang como un orgasmo poético de la creatividad. No hay sentimiento mejor en este mundo: cura de la depresión y del mal humor, y uno da gracias por estar vivo.
Dietrich Schwanitz




