NeverMore!

October 1, 2006

Les Vieux


Últimamente no tengo apenas tiempo para mí mismo, ni para pensar ni para escribir ni para idear ni para cuidar un poquito de mi bitácora, porque paso mi tiempo de ocio cuidando y acompañando a una persona muy cercana a mí que se encuentra ingresada en el hospital por una serie de fracturas a consecuencia de una de esas caídas tontas, así que ya me veo como Vincent Price deambulando por esos pasillos largos y blancos, que al caer la noche se tornan fríos y tétricos, porque cuando el silencio se rompe es por el lamento de algún enfermo agonizando, el timbre de urgencia, o el sonido penetrante y continuado de una mesilla metálica con ruedas, y cada noche es igual a la anterior. Pero aún así lo que me ha llamado imperiosamente la atención es la soledad en la que están sumergidos los ancianos, que aún teniendo familia están solos, suerte de que algunos que aún conservan a sus parejas, su marido o su mujer o su compañero de toda la vida, que es quien le cuida y le proteje en los peores momentos, pero curioseando por mis alrededores he escuchado conversaciones en las cuales los hermanos se peleaban por quién debiera quedarse con la madre, cuando debería ser un acto espontáneo y completamente natural que nace desde adentro. Desde luego no me imagino estirado en una cama y viendo como mis hijos (si los tuviera) se me están rifando porque soy un estorbo y una carga, pero lamentablemente muchos de nosotros cuando lleguemos a esa edad sentiremos esa sensación de infravaloración hacia nuestra persona, ésto me ha provocado tres cosas, la primera es que me he solidarizado más con esos personajillos simpáticos de cabello blanco y ojos cargados de experiencia, la segunda me ha hecho recordar un comentario que dijo José maria aznar cuando sucedió el atentado en el metro de Madrid, era algo así como que le sorprendió muchísimo la cantidad de gente que había fallecido en el atentado y que absolutamente nadie había llamado preguntando por ellos, se trata de nuestro sistema de vida que nos conduce a la soledad, y la tercera me ha hecho recordar aquella gran canción de Jacques brel, en la cual hablaba sobre los ancianos y sobre la soledad, así que me he permitido subirla a la bitácora para compartirlo. ;-)

    Los ancianos ya no hablan
    o entonces sólo alguna vez de re-ojo,
    incluso los ricos son pobres,
    ya no tienen ilusiones
    y sólo tienen un corazón para dos.
    En sus casas huele a tomillo
    a limpio, a lavanda
    y al verbo de antaño.
    Que vivamos en París,
    vivimos todos en provenza
    cuando vivimos demasiado tiempo,
    será de haber reído demasiado
    que sus voces se agrietan cuando hablan del ayer
    y de haber llorado demasiado
    que todavía las lágrimas les perlan los parpados
    y si tiemblan un poco será de ver envejecer el péndulo de plata
    que ronronea en el salón,
    que dice sí, que dice no,
    que dice: les espero.

    Los viejos ya no sueñan,
    sus libros se adormilan,
    sus pianos están cerrados,
    el gatito a muerto,
    el moscatel del domingo ya no les hace cantar,
    los viejos ya no se mueven,
    sus gestos tienen demasiadas arrugas,
    su mundo es demasiado pequeño,
    de la cama a la ventana,
    después de la cama al sillón,
    después a la cama,
    a la cama…
    y si salen todavía cogidos del brazo
    totalmente vestidos de rígido
    es para seguir al sol el entierro
    de uno más viejo,
    el entierro de una más fea
    y el tiempo de un llanto,
    olvidar toda una hora el péndulo de plata
    que ronronea en el salón,
    que dice sí, que dice no,
    y que después… les espera.

    Los viejos ya no mueren
    se duermen un día
    y duermen demasiado tiempo,
    se cogen de la mano
    tienen miedo a perderse
    y sin embargo se pierden,
    y el otro se queda ahí,
    el mejor o el peor
    el dulce o el severo,
    eso no tiene importancia
    es el que se queda de los dos
    el que se encuentra en el infierno,
    usted le verá quizás,
    usted la verá algunas veces
    en lluvia y en pena,
    atravesar el presente excusándose ya de no estar más lejos
    y huir ante ustedes una última vez
    el péndulo de plata
    que ronronea en el salón,
    que dice sí, que dice no,
    que les dice: te espero.

    Que ronronea en el salón
    que dice si, que dice no
    y que nos espera.
























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